Guayaba 2600
07/08/2013

Brütal Legend

Escrito por David
Carátula de Brütal Legend
  • Reseña de: Brütal Legend
  • Desarrollado por: Double Fine
  • Año: 2009 (2013 PC/Mac)
  • Formato: aventura, RPG, RTS
  • Género: fantasía épica, heavy metal
  • Plataformas: Windows, OS X, GNU/Linux, Xbox 360, PlayStation 3
  • Puntuación: ***

Brütal Legend es una canción de amor. Una oda al fuego y al metal. Al cromo, el cuero y el ruido de los motores. A la electricidad, las chispas y la velocidad. Es el más hermoso homenaje que se ha hecho a un tipo de música que comparte con él fuentes mitológicas y energía inagotable. Si el heavy metal rinde culto a mitos épicos, eras pasadas y sensaciones de potencia y celeridad, Brütal Legend se lo rinde al género y a todo aquello que lo inspira. A la vez. En un torbellino salvaje de música, violencia y sentido del humor que atrapa e hipnotiza al jugador. Lo malo? Se queda cojo. Veamos por qué.

Eddie Riggs es un chispas (roadie) capaz de montar todo tipo de escenarios y afinar cualquier instrumento. Un incidente inesperado durante un concierto lo transporta a la Tierra del Metal. En este lugar, crecen del suelo árboles con troncos de andamiaje y arbustos de acero que se ramifican en tubos de escape. Es habitual tropezar con hierbas que sostienen platos de batería, los animales tienen púas o cuernos de acero e incluso ruedas de moto. Gigantescas estatuas de espadas o símbolos del rock adornan inmensos parajes atravesados por autopistas colosales, y en una playa, los restos de un motor de cilindros de tamaño titánico cobijan una fiesta de metaleros llenos de birra bajo un cielo adornado por una especie de bola de fuego. Es un lugar impresionante, y especialmente excitante si eres fan del hard rock y el heavy metal.

La jugabilidad a lo largo y ancho de tan espectacular territorio es muy sencilla: imagínate un Zelda en el que Link viste cuero negro, monta un hotrod en lugar de una yegua, decapita bichos con un hacha enorme, y en lugar de usar magia de haditas chupiguays usa una guitarra para descargar rayos o llamaradas sobre sus enemigos. A mayores, puede usar solos. Se trata de secuencias de pulsar botones en el momento exacto para dar lugar a un efecto. Estos van desde invocar al coche hasta llamar a un zepelín que cae desde los cielos envuelto en llamas, pasando por derretir las caras de los enemigos, aplicar buffs a las tropas aliadas o debuffs a las rivales. Exploración, coleccionables y misiones secundarias son elementos abundantes que ofrecen una variedad de actividades para romper la monotonía. En el caso concreto de las misiones de transportar cerveza, el juego se pasa de chungo. Hay que conducir a toda leche bajo un estricto límite de tiempo, pero si vas muy rápido o el coche pega saltos o tumbos (y eso va a pasar a la velocidad a la que vas a ir para llegar puntual) los barriles revientan como si estuvieran hechos de cartón. Es una piedra enorme en lo que debería ser un camino breve y estimulante.

Lamentablemente, estos tipos de misiones son todo lo que hay que hacer al margen del juego principal. Si te centras mucho en completarlas te van a resultar repetitivas. Si te centras mucho en seguir la trama, el juego se acaba enseguida. Pero no nos adelantemos demasiado. Primero veamos dónde está la chicha.

Eddie comienza su aventura aprendiendo las funcionalidades básicas del combate, y poco a poco irá conociendo distintos tipos de personajes, cada uno con sus habilidades innatas. A lo largo de las misiones, héroe y jugador aprenden a manejar a estas unidades en enfrentamientos a pequeña escala. Con esto se nos prepara para el núcleo del juego: la estrategia en tiempo real.

Mezclar aventura y RTS en el mismo juego parece una locura a primera vista, pero en BL funciona bastante bien. El héroe está en el campo de batalla junto a sus unidades, comunicándose con estas mediante una baliza luminosa que se mueve con el mismo joystick que se usa para rotar la cámara. Pulsando diferentes botones (direcciones de la cruceta en Xbox 360 y PS3), se dan órdenes de movimiento a las tropas. Para tener una vista de pájaro del campo de batalla y poder abarcar más distancia, Eddie puede volar en cualquier momento. Adicionalmente, puede acercarse a una unidad y pulsar un botón para realizar un ataque combinado con diferentes efectos. Algunos solos también están diseñados para ser usados durante la batalla. Por ejemplo, uno de ellos sirve para fijar un punto de reunión para las tropas. Otro permite bloquear temporalmente el escenario (base) enemigo, para que no pueda producir tropas.

Así, la batalla se desarrolla con el mismo sistema que la aventura y exploración, solo que con más controles de por medio. Esto puede ser un problema, ya que todas las funciones que se pueden realizar durante una batalla parecen no “caber” en un pad de consola y esto puede generar confusión, sobretodo en momentos especialmente intensos. En la versión de PC queda un poco más natural, ya que estamos más acostumbrados a jugar RTS en un teclado con montones de accesos rápidos.

La duración de las batallas depende mucho de la habilidad del jugador. El enfrentamiento final, cargado de acción y obstáculos, puede ser una pesadilla o un paseo según lo bien que se administren las tropas (y si estás jugando en PC o consola). Eso sí, como seas bueno se te van a pasar las batallas como nada, y no acumularás mucho tiempo de juego.

La mayor crítica que se le puede hacer a este juego es que es cortísimo. La historia principal se resuelve en pocos actos, con las fases de RTS estirando un poco más. Da la sensación de que el juego se acaba a la mitad. Y no por casualidad. Tim Schafer tenía ideas para un juego más largo, pero el presupuesto se iba por las nubes. Ya tuvo problemas para sacar lo que pudo, como para aun encima hacer el doble. Desde el punto de vista de los jugadores, la experiencia nos sabe a poco y nos merecíamos más. Pero el desarrollo de un juego a menudo se encuentra con ese tipo de problemas. El resultado final es un juego fascinante con una estética única y una experiencia alternativa dentro de un género tan masificado como el que más. Pero muy cortito. Acabárselo deja una sensación de frustración horrible. Es como si estuvieras jugando y de repente viniera un gracioso y te pulsara el botón de reset en la consola. Lo más sangrante es que ni siquiera tiene un post-game decente para compensar por la brevedad del principal. Has completado Brütal Legend? Pues espero que te guste dar vueltas en busca de cutreces coleccionables y completar retahílas de mini-misiones repetitivas, porque es lo único que vas a poder hacer. Olvídate de tener interacciones con los NPCs principales, porque de repente se han quedado mudos.

Eso me lleva a preguntarme: qué pasa con la obsesión de Tim Schafer con los coleccionables cutres? En Psychonauts se le fue la mano con los “figmentos” y otros cacharros, plagando los niveles de porquería de colorines. Ibas tan tranquilo navegando por el diseño del nivel y tenías que desviarte para coger ese figmento que quedaba un poco más hacia un lado porque algo en tu conciencia te pinchaba si pasabas de largo. Pero al mismo tiempo, dar vueltas solo para coger objetos que no afectan a la trama ni tienen mayor impacto en el juego es irritante. Así que el pinchazo en la conciencia te lo llevas sí o sí. Está bien saber que hay desarrolladores de videojuegos que se esfuerzan en darte algo tan intenso cada vez que te pones con su juego. Esto mismo ocurre en Brütal Legend, aunque de manera menos conspicua. Hay múltiples categorías de objetos coleccionables repartidos por la Tierra del Metal. Según se van recolectando y avanzando en sus categorías, se van consiguiendo recompensas. Algunas tienen efectos prácticos sobre el juego, lo cual está muy bien. Pero hay tantas, y algunas son tan secundarias, que son una distracción, más que una ayuda. No veo por qué Schafer (el mismo que nos dio el increíble Grim Fandango) tiene la necesidad de meter estas chuminadas en juegos que son sólidos por otro tipo de méritos. El tío es bueno. Por qué se sube al vagón de los coleccionables inútiles y las chorradas acumuladoras de logros/trofeos? Integra los efectos de estos trastos de una manera más orgánica en el juego, y ya está. Prescinde de lo innecesario.

Tengo que admitir que sí hay una cosa positiva que tengo que decir sobre uno de los coleccionables. Las estatuas que guardan leyendas. Activándolas, se nos muestra un fragmento de la historia mítica de la Tierra del Metal. Si las encontramos todas, tendremos un conocimiento mucho mayor de los eventos que originaron el mundo, las razas y los conflictos que conoceremos en nuestro periplo, y veremos más claramente la conexión de Eddie Riggs con los seres metaleros. Estas historias son contadas a través de ilustraciones en blanco y negro dibujadas a rotulador, con la cámara enfocando la sección que se nos está contando y desplazándose a otras, para concluir con la composición al completo. Es un detalle muy atractivo: ver cómo han creado ilustraciones teniendo en cuenta la estructura de la narración, de manera que se puede interpretar por fragmentos y también como un todo. Además, nos acompaña la voz del excelente Corey Burton para dar un tono rudo y vetusto a la leyenda. Funciona muy bien como mitología. Se basa en elementos similares a la del mundo real: bestias maravillosas, criaturas imposiblemente horrorosas, árboles como fuentes de vida, doncellas de belleza sobrenatural, titanes formando el mundo, la humanidad como raza joven, batallas épicas salpicadas de poderes tenebrosos, la creación del sol y los océanos, fuego devastador, agua corruptora, uniones prohibidas y luchas por la libertad. Los amantes de los mitos encontrarán una mina de oro en Brütal Legend.

Toda la dirección artística del juego le confiere una personalidad con relieve. Atrevida e inconfundible, da vida a personajes y criaturas muy diferentes entre sí. Una de las mejores muestras son los tres ejércitos que participan en el conflicto (bueno, tres y una skin de uno de ellos). Cada uno tiene un diseño propio. En Ironheade visten de cuero y tachuelas, conducen motos y coches cromados, hay melenas ondeando al viento y el fuego y las espadas destellan por el campo de batalla. Representan los géneros más tradicionales y conocidos de hard rock y heavy metal. Drowning Doom se basa en la estética gótica, con algún toque emo. Rayas negras horizontales, vestidos arruinados, coches fúnebres, espectros, una estética “Tim-Burton-esca” y un cúmulo de nubes de tormenta acompañan a este cortejo de fans de Rain Fell Within que no tienen muy claro si están vivos o muertos. Tainted Coil es la facción demoníaca. El origen de sus atuendo sadomasiquistas se cuenta en la leyenda desbloqueable. En cualquier caso, el cuero ceñido, las cremalleras y los látigos están siempre presentes entre estos engendros de carne retorcida. Llenos de deformidades, su estética es todo un himno al autoabuso y la represión de instintos. Su mezcla de instrumentos de tortura, hábitos sacerdotales, fetichismos y frases de placer y agradecimiento al ser castigados u objetificados los convierten en un enemigo (o aliado, si los escogemos en modo multijugador) memorable y muy divertido, si bien de una forma irónica y macabra. Death metal y black metal suenan retumbando desde su escenario. Desde luego, este no es un juego para niños. Pero es un trabajo con muchísimo mérito. El resultado final es que tenemos tres bandos, cada uno de ellos inmediatamente reconocible con tan solo un vistazo. Y cada uno acompañado por su tipo de música predilecto.

Este es uno de los aspectos más destacables y bonitos del juego. Y también uno de los que generaron más gastos. La banda sonora que suena desde la radio del hotrod de Eddie es amplia y muy satisfactoria para los fans de la guitarra eléctrica, el doble bombo y el falsete. Desde grupos míticos como Judas Priest, Motörhead, Marilyn Manson, Black Sabbath o Manowar hasta grupos menos conocidos pero con talento como Girlschool, 3 Inches of Blood, Slough Fegh, Crimson Glory o Candlemass. Además, algunas de las canciones de la radio también suenan en momentos clave del juego, adaptadas para acompañar la escena. Huir en coche de un inmenso palacio que se derrumba mientras suena Through the Fire and Flames de Dragonforce. Adentrarse en una guarida de arañas metálicas mientras se oye un bucle de la introducción de Cry of the Banshee de Brocas Helm. La canción estalla en toda su gloria cuando la gigantesca reina de las arañas, completamente hecha de metal cromado, salta sobre Eddie y procedemos a derrotarla. Y no digo nada de Judas Priest en el combate final. Schafer invirtió tiempo, dinero y cuidado en hacer que la banda sonora tuviera una escala enorme y embrujara a fans del género. Empezó tímidamente, reclutando grupos pequeños, hasta que consiguieron a Jack Black para el papel protagonista y a partir de ahí se empezaron a abrir puertas. Lemmy Kilmister, Rob Halford, Ozzy Osbourne y Lita Ford tienen papeles de doblaje y personajes modelados como ellos en el juego. Si el juego hubiera podido ser más largo, tal vez habrían entrado más grupos que se quedaron fuera. Algunos pedían demasiado dineros, otros no estaban interesados por razones de marketing, y otros no llegaron a tiempo, como es el caso de Iron Maiden. Se los echa de menos en la Tierra del Metal.

Y ya que estamos con el tema del sonido, no podemos acabar sin cantar las alabanzas (eso sí, con un buen falsete) de Jack Black. Poniendo voz a Eddie Riggs, su apasionada interpretación nos trae risas y drama a partes iguales. El sentido del humor ácido y negro del juego se quedaría hueco sin los chascarrillos e ingenio del famoso actor. Y qué es un héroe sin su antagonista? O en el caso de BL, qué es un Jack Black sin su Tim Curry? El legendario actor que dio vida a Darkness en Legend (lo siento, es que es mi papel favorito de su carrera) regresa como villano principal en el papel del Emperador Doviculus. No hay muchas voces que hubieran podido hacer ese papel tan perturbador. Nos da escalofríos y ganas de oír más al mismo tiempo. Sus músculos, sus cuernos, sus garras, su piel cosida, sus alas coriáceas y su guitarra doble no nos darían ni pizca de miedo si no fueran acompañados por esa voz tan escalofriante.

Todo un placer para los sentidos. Eso sí es Brütal Legend. Su estética y su jugabilidad no siempre van a la par, todo sea dicho. Por ejemplo, antes mencionaba el espectáculo de enfrentarse a la araña metálica. Pero como boss es realmente floja. Y esto se aplica a todos los combates de este tipo. Siguen el modelo de Zelda. El enemigo nos ataca con patrones fijos. Durante uno de estos, su punto débil queda expuesto. Atacamos con el arma adecuada para noquearlo. Lo machacamos mientras está inmovilizado. Nos secamos las manos y repetimos el proceso de lavado. No suponen un desafío en absoluto. La dificultad infantil de estos combates no se corresponde con el tono adulto del juego en general.

Para compensar esta carencia de desafíos y la brevedad de todo el conjunto, tenemos el modo multijugador (a falta de lo que ya mencioné hace unos párrafos). Este incluye la posibilidad de escoger las dos facciones no jugables durante la trama principal, además de los obvios Ironheade. Atentos a Tainted Coil, que utilizan un método distinto para producir unidades, otro toque interesante por parte de Schafer. Se nos da una selección de mapas de varios tamaños con dificultades añadidas (obstáculos para las tropas) en los que podemos jugar contra la IA o jugadores humanos en red. Es divertido experimentar con las estrategias de cada facción, pero acabamos encontrándonos con dos problemas. Uno: jugar solamente a la parte de RTS se acaba haciendo repetitivo. De cara a la jugabilidad, es la sección del juego a la que más jugo se le puede sacar, y puede dar para mucho. Pero no deja de ser solo una parte de un todo, y siendo lo único que se puede hacer en multijugador, acaba cansando si se juega con frecuencia. Dos: la mayoría (si no todos) los RTS tienen un fallo común: los jugadores siempre encuentran combinaciones de unidades y patrones de ataque muy explotables de las que se tiende a abusar. Y buena suerte cuando te enfrentes a abusones que escogen Drowning Doom.

En definitiva, Brütal Legend podía haber sido mucho más si su desarrollo lo hubiera permitido. Que EA lo fundara y lo publicara ya me parece todo un logro. Si Double Fine pudiera hacerse con los medios para una secuela y nos diera la visión de Schafer al completo y un poco más, podríamos darnos por muy satisfechos con el mito de la Tierra del Metal. Lamentablemente, esto es poco probable y tenemos que conformarnos con esta breve pero embrujadora visita al mundo donde la música metal crea y destruye. Si eres fan de la serie Zelda pero quieres algo más oscuro, juega. Si te entusiasman las direcciones artísticas originales, juega. Si eres un verdadero fan del heavy metal, su estética y sus temática, por tus cojones, juega. Porque lo vas a gozar.


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