Guayaba 2600
27/04/2009

Saints Row 2

Escrito por David
Carátula de Saints Row 2
  • Reseña de: Saints Row 2
  • Desarrollado por: Volition
  • Año: 2008
  • Formato: Acción-aventura, sandbox
  • Género: crimen
  • Plataformas: Windows, Xbox 360, PlayStation 3
  • Puntuación: ***

Llevo años viendo cómo público y crítica cantan las alabanzas de la serie Grand Theft Auto. Y estoy de acuerdo en que son unos juegos realmente buenos. Pero un poco cortos de miras en ciertos aspectos. Básicamente en lo que concierne al aspecto del libre albedrío. Vamos a ver, en un juego de mundo abierto, ¿qué es lo primero que va a hacer el jugador con la libertad que se le da? Abusar de ella. Esto es lo que los GTA fallan en comprender, al contrario que Saints Row 2.

El jugador es libre de recorrer la ciudad a sus anchas, sin que nada le apremie a cumplir obligaciones de ningún tipo.

Mete a un jugador en un mundo abierto repleto de armas, vehículos y cientos de personas vulnerables. Lo primero que se le pasa por la cabeza es ver hasta dónde puede llegar masacrando gente a balazos y atropellos. Intentará comprobar hasta dónde puede saltar con un coche deportivo a toda velocidad, a cuánta gente a la vez puede prender fuego con un cóctel molotov o en el centro de qué pacífico vecindario podrá aterrizar un avión, por mencionar sólo algunas ideas. Los GTA intentan limitar esto restringiendo el acceso del jugador a ciertas zonas de la ciudad que tiene que desbloquear cumpliendo misiones, impidiéndole llegar hasta vehículos como helicópteros, aviones o lanchas, que le ofrecen una gran libertad de movimiento. Que le den por el culo a eso, Saints Row 2 te permite coger un helicóptero desde el primer momento que pones un pie en la ciudad que, por cierto, está disponible en su totalidad desde el principio. No es que nada más llegar lo tengas delante de ti, esperándote, pero no hace falta ser muy listo para darte cuenta de que si te das un garbeo por el aeropuerto te acabarás encontrando con uno… o con un jet privado.

Por libertad o por obligación, usaremos vehículos de todo tipo sin restricciones, metiéndonos a veces en persecuciones emocionantes.

Este es un juego que se vuelca en satisfacer al jugador sacrificando elementos de credibilidad en el trasfondo y la historia principal, lo cual no es muy negativo, porque la historia sigue siendo interesante y el juego es divertido, muy divertido. Te meten en una gran ciudad repleta de cosas que hacer, vehículos, armas, delincuentes, policías y transeúntes inocentes. Y haz con ellos lo que te dé la gana. Los desarrolladores tenían claro lo que querían ofrecer: un mundo abierto que funciona como un patio de juego, en el sentido de que te sueltan en medio de él y tú solito te buscas tus juguetes y te diviertes como te apetece. Parafraseando a Ben Croshaw, diré que los GTA te meten en una caja de arena, te dan una pala y un cubo y te dicen: “Vas a jugar de esta manera”. Te dan libertad, pero la condicionan y la limitan.

Recuerdo haber estado jugando con mis primos hace tiempo al GTA: San Andreas y turnarnos para colarnos en el aeropuerto, robar el único jet pequeño que había (en Saints Row 2 los vehículos aparcados se generan aleatoriamente cada vez que pasas por una zona, pudiendo encontrarte con varios tipos de aviones en un aeropuerto), arrancarlo con su difícil movilidad y volar hasta donde pudiéramos llegar antes de que vinieran unos puñeteros cazas a derribarlo y joder la diversión como si nos tirasen un cubo lleno de cubitos de hielo por encima. Solíamos hacer burradas como saltar del avión en marcha para que no nos mataran los cazas, pero eso resultaba en hacerse trizas contra el pavimento —salvo una vez que yo me quedé milagrosamente de pie sobre un poste eléctrico. En Saints Row 2 ¿sabes lo que pasa si te tiras de un vehículo aéreo en marcha? Que te aparece un mensaje en pantalla que te dice que pulses un botón (o tecla, según qué versión) para abrir el paracaídas. No tienes que comprarte uno ni equiparlo ni hostias, simplemente pulsas un botón y aparece mágicamente un paracaídas que te salva la vida. Es más, puedes pulsar otra vez el mismo botón para hacer que aparezca en el minimapa una zona delimitada por círculos concéntricos en la que puedes aterrizar, y si lo haces cerca del centro ganas más respeto. Y puedes volar con tu avión por donde te dé la gana sin que venga la Puñetera Fuerza Aérea de Stilwater a darte un bofetón en la mano por jugar con cosas que no debes. Maldita sea, si te compras un hangar hasta te puedes guardar allí tus aviones.

Mientras no atraigas la atención de las bandas o las autoridades podrás moverte tranquilamente por Stilwater con tus colegas. Eso sí, hazlo con estilo.

Y es que una de las muchas cosas que el jugador se puede agenciar son casas. Ya le dan dos gratis al principio, al completar una de las primeras misiones, pero se puede comprar muchas más a lo largo y ancho de toda la ciudad. Todas cuentan con garaje para guardar nuestros coches, que se pueden comprar o se pueden robar. Sí sí, robas un coche, por muy caro o raro que sea, lo metes en tu garaje y ahí se queda para siempre. No te preocupes por estrellarlo e incluso hacerlo reventar: volverá a estar en tu garaje para cuando vuelvas a casa. Ciertos hogares tienen también helipuerto y/o puerto de mar, según dónde estén situados y si tienen azotea o no. Algunos de hecho son garajes solos, sin alojamiento. Al principio cualquier casa que nos compremos tendrá un aspecto predeterminado, pero podemos personalizarla a nuestro gusto, aunque las posibilidades son un poco limitadas.

Así de guapo puede quedar un piso cuando está en propiedad de los Saints.

Pero de todos modos la personalización es uno de los principales aspectos del juego y es bastante satisfactoria. Para empezar, se crea un personaje, hombre o mujer y se define su aspecto con un montón de opciones detalladas muy similares a las que se pueden encontrar en The Elder Scrolls IV: Oblivion o Fallout 3. Escogeremos su voz, su forma de caminar y sus gestos de provocación y cumplido, y más adelante en el juego podremos hasta escoger un estilo de lucha. Y no hay limitaciones: puedes crear un hombre con pechos o una chica muy guapa con voz de tío o lo que quieras porque el juego no te pone barreras. Y todo ello se puede cambiar en cualquier momento del juego recurriendo a las clínicas de cirugía plástica (lugar en el que también cambias tu estilo de lucha; otro signo de que a los desarrolladores les tira de un pie lo que hagas mientras te lo estés pasando bien). Con la ropa pasa lo mismo; existen varios tipos de tiendas de ropa y de joyas por toda la ciudad en las que se pueden comprar prendas y accesorios para todos los gustos, personalizar pequeños aspectos de su diseño en algunos casos y luego combinarlos como se quiera. Incluso la ropa interior. ¿Quieres ponerte una chistera, un bikini de tía (siendo personaje masculino), unas botas de motorista, unos guantes de látex, piercings en ambas orejas y maquillaje de mimo? Adelante. ¿Y mientras estás vestido así quieres ir a toda velocidad en una chopper con una katana en la mano decapitando ejecutivos trajeados desde la moto? Nadie te lo va a impedir. Bueno, atraerás la atención de los polis, pero te los puedes cargar a ellos también, mientras sobrevivas. Así que no te cortes: ponte tu americana de seda, tus pantalones de chándal, tus sandalias y tu casco de espartano y vete a espantar viejecitas meneando tus caderas delante de sus caras.

El juego no solo te permite hacer locuras, sino que además te anima a hacerlas al recompensarte por ellas.

Por supuesto el jugador también querrá hacer cosas siguiendo instrucciones por la atracción del desafío, especialmetne si estamos hablando de desafíos divertidos. Y ya lo creo que los hay. Por toda la ciudad hay repartidas lo que el juego llama “actividades”, que se pueden ir desbloqueando y que son variadas y entretenidas. Además, se desarrollan en su propio contexto, sin afectar al juego principal, salvo por el detalle de que aportan dinero y respeto. Me explicaré con un ejemplo: una de las actividades se llama “Fraude al seguro”. Cuando la empiezas tienes que ir a un barrio concreto. Una vez allí tienes que pulsar los botones de ataque cuando lo veas conveniente, sólo que en vez de atacar, lo que hace el personaje es caerse. Caéte delante de un coche y te lanzará por los aires, disparando un contador de indemnización (aunque de esta no verás ni un solo centavo, es sólo una puntuación con la que llenar un cupo para finalizar la tarea con éxito). Recibes puntuación extra por resultar herido en ciertos puntos marcados en el mapa. No te preocupes: durante la duración de esta actividad eres invulnerable. Cuando se acabe el tiempo todo volverá a la normalidad y, si has llenado el cupo de indemnizaciones, podrás jugar el siguiente nivel de la actividad. Aprovecho para mencionar que cada tipo de actividad tiene varios puntos donde ser realizada, cada uno con seis niveles para completar, ofreciendo muchísima diversión variada.

Y es que el juego se centra tanto en divertir que incluso no se toma demasiado en serio a sí mismo y eso se nota en las animaladas de la trama principal. Ya empieza fuerte: una fuga épica de la cárcel local (situada en una isla) con montones de coches de policía detrás de ti y una persecución salvaje en lancha motora, con lanchas y helicópteros persiguiéndote mientras te defiendes con un rifle de asalto enorme con munición infinita. A continuación, tras cambiarte de ropa, tienes que ir a rescatar a tu amigo Johnny Gat de la sala de juicios en la que acaba de ser condenado a cadena perpetua. No pasa nada, entras allí a lo bestia y sales con tu colega abriéndote paso a tiros entre la poli, incluyendo a la juez, cuya escopeta de poco le servirá. Fuga épica del Palacio de Justicia de Stilwater con credibilidad cero, pero hilarante, cuando menos.

Abundan las situaciones exageradas por toda la trama. Contrastan con algunos momentos de intenso dramatismo, pero dan lugar a algunas secuencias realmente chulas. La verdad es que llegan a ser muy cinemáticas y generan espectáculo. Además, la historia, a pesar de sus clichés, mantiene el interés mediante giros en la trama y las ganas de saber cómo nuestro protagonista se las va a apañar para recuperar su dominio sobre la ciudad de Stilwater con la ayuda de su banda, los 3rd Street Saints, mientras compite con las otras bandas que se han apoderado de lo solían ser sus dominios.

En algunas secuencias hay momentos realmente espectaculares.

Y aprovecho para destacar el papel de otro de los bandos implicados: Ultor, una corporación sumamente poderosa que recuerda a las de las distopías de ciencia-ficción. Y es que en el trasfondo de esta organización ficticia subyace un mensaje muy real contra la globalización y el corporacionismo, de hecho hay muchos mensajes terriblemente sarcásticos y llenos de ironías en la ambientación del juego. Me hizo especial gracia la Philosotology, parodia clara de la Scientology (cienciología) y sus mensajes. Existen multitud de parodias y referencias culturales (estas últimas expresadas en gran medida por la banda sonora, que incluye grandes éxitos de los ochenta) que mantienen un tono cómico a lo largo del juego que lo hace aún más divertido. También hay mensaje positivo, si bien no libre de esa cruel ironía que impregna todo el entorno de juego, que podríamos interpretar como una celebración del sueño americano.

Los aspectos más sórdidos de la sociedad occidental están representados en el juego, generalmente con mucho humor e ironía.

Todo el juego está enfocado a provocar algún tipo de satisfacción en el jugador y lo logra en casi todo, excepto en un detalle muy delicado. En las misiones existen los típicos puntos de control que guardan automáticamente la partida por si mueres en el transcurso de esta. Pues bien, a pesar de todo lo divertido y fácil que puede llegar a ser el juego, hay misiones difíciles y largas… a las que les faltan puntos de control. De este modo, el jugador lo pasará mal para atravesar una parte difícil y, cuando lo haya conseguido, se encontrará con otra parte difícil y morirá y tendrá que volver a repetir ambas partes, sufriendo una enorme frustración cada vez que muere en tal misión. Pongo un ejemplo. Tuve que realizar una misión contra la banda Sons of Samedi que era larga y complicada. Tenía que ir a la lonja (cuatro edificios sobre una enorme y espaciosa plataforma), recorrer todos los edificios destruyendo alijos de droga mientras legiones de enemigos me atacaban con uzis, escopetas y algún que otro rifle de asalto, luego destruir cuatro barcos de pesca sin que se me proporcionasen medios para ello (explosivos, por ejemplo), con lo cual me llevó mucho tiempo a base de pegarles tiros con la escopeta y estrellar coches contra ellos, todo esto mientras las hordas enemigas me seguían acosando sin descanso; luego tuve que subir a un barco enorme protegido por una guarnición numerosa, sabotearlo y largarme a toda leche a contrarreloj mientras era atacado por una guarnición nueva —sí, cargarse a los de antes no sirve de nada. Todo esto hay que hacerlo seguido. ¿Cuántos puntos de control hay a lo largo de esta larguísima y dura misión en la que es fácil morir montones de veces? Cero. Me pareció asqueroso que se despistasen de esa manera con un detalle tan esencial, ya que ocurre en otras misiones. Normalmente todas tienen algún punto de control, pero a muchas les faltan uno o dos. Es curioso que con el enfoque que puso el equipo de desarrollo en hacer el juego sencillo, divertido y satisfactorio hayan metido la pata en algo tan elemental con un resultado tan frustrante.

En las misiones seremos acosados por miembros de las bandas rivales, a quienes podemos dar su merecido a base de animaladas.

Pero en general el juego merece mucho la pena. Vive a la sombra de GTA por ser una especie de imitación con poco realismo y muchas facilidades, pero es precisamente eso lo que hace que no merezca la pena despreciarlo. Saints Row 2 coge los mismos conceptos de GTA y los aprovecha mejor porque tiene claro qué es lo que los jugadores quieren: un poco de jodida diversión, maldita sea. No voy a jugar a esto para ver una trama interesante o una conducción realista ni comportamiento razonable por parte de nadie, jugaré para hacer lo que me dé la gana con mi libertad, para recorrer la ciudad en mi coche personalizado a mi gusto con mis lacayos, puteando a quien me apetezca, vistiéndome como quiera, tirándome desde mi helicóptero sobre la cabeza de algún cabrón de una banda rival o arrancando bocas de incendios y señales de tráfico con las manos desnudas para lanzárselas a algún grupo de niñatos góticos y luego arrojarlos al mar o a las vías del tren.

Saints Row 2 es un juego muy descerebrado pero con mucha consistencia y eso lo convierte en todo lo que un videojuego necesita ser: jugable, adictivo y divertido, con una gran comprensión de qué es lo que quiere el público al que va dirigido. Descansad un poco de GTA IV y probad un trozo de ese pastel de múltiples sabores y colores que os ofrece Saints Row 2.


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